31 de agosto de 2026

La invasión de Ceuta

Renitor
Si la emigración común no es un problema nuevo, sí lo es la emigración como un método de la estrategia de acción indirecta, límite entre las guerras fría y caliente en que se prescinde de las armas y se utiliza en cambio la acción psicológica, la subversión, los movimientos o frentes políticos con vistas a debilitar al adversario y llevarle a la situación conveniente para que su voluntad de resistir se desmorone. Por ejemplo, el asalto marroquí a Ceuta en 2026.

Ya se les llame emigrantes o simplemente invasores, lo cierto es que los moros han tomado al asalto la ciudad española de Ceuta (30 julio 2026). Verdad es que algunos (o muchos) de esos emigrantes se preocupan exclusivamente de huir de la pobreza marroquí y buscar una oportunidad en España o el resto de la Unión Europea, pero también es verdad que la actuación delictiva de una abultada minoría constituye una grave preocupación para la seguridad nacional. En efecto, está sobradamente demostrado (documentación gráfica) que esta acumulación humana de unas 100 000 personas fue organizada y dirigida por la Gendarmería marroquí (o el rey marroquí es lo mismo), pero si en un principio se supuso que su éxito iba ligado a la ineptitud del presidente Sánchez, hoy se está cambiando de punto de vista. Triunfa no como consecuencia de la organización marroquí, sino simplemente de la inhibición del Gobierno español, informado días antes del asalto por los servicios secretos.

No son emigrantes, sino invasores, quienes roban, violan (una treintena de casos por hoy) y atacan. Su objeto inmediato no es el trabajo, sino la diversión y el miedo, con las insalubres costumbres de los moros (no todos), y a la vez armados con la mejor telefonía portátil, modelos de más de un millar de euros, algo menos que el salario mínimo de un español, seis veces el de un marroquí. Una decisión enérgica hubiera detenido a los moros, pero no pasó de un refuerzo de media docena de policías pese a los temores crecientes, con lo que abrimos las puertas a la sospecha de que se ha hecho alta traición.

Renitor
Decenas de miles de marroquíes cruzan a la carrera la zona de seguridad de la frontera española en África (30 julio 2026), desguarnecida por inhibición del Gobierno. En la noche de ese mismo día se habrían adueñado de las calles de Ceuta.
Por convicción o coacción, en realidad el Gobierno de Sánchez nunca ha deseado «luchar por Ceuta» y la mayoría de sus ministros no se preocupan, a juzgar de las apariencias, por el sufrimiento de los ceutíes. Así, el ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska dijo, sin caérsele la cara de vergüenza, que la «sensación de inseguridad de los ceutíes era subjetiva» y la ministra de Sanidad Mónica García acusó a los sanitarios ceutíes de racismo. Por remate, la ministra de Defensa Margarita Robles excusó las «contradicciones» del Gobierno con palabras un tanto cínicas —«Las opiniones diferentes son las que engrandecen a este Gobierno»—. Arrogancia y cinismo ante los españoles, complacencia ante el agresor —«Marruecos es un aliado fiable»—, críticas veladas al rey de España; todo ello nos pone en el límite entre un gobierno quisling y un gobierno hipócrita y corrompido que acepta las componendas más degradantes.

Los «quislings» españoles. El mejor medio de la estrategia de acción indirecta son miembros del gobierno de la nación objeto del ataque, a la que estén dispuestos a traicionar por razones políticas o monetarias. Y en España los hay. El residuo terrorista Bildu, una herencia de ETA (siglas en vascuence de Vascongadas y libertad), con más de 900 asesinatos (de ellos centenares de niños y mujeres); los separatistas regionales, como tales fuerzas anti-Unión Europea y que organizaron un golpe de estado para desintegrar la nación; también hay marxistas primitivos (Podemos y Sumar) con una financiación iraní o antisemitas sin disfraz. Todos ellos son socios de gobierno de Pedro Sánchez, que sacudió los cimientos de la política exterior española al mostrarse favorable a la incorporación del Sahara a Marruecos.

Ministerio de Defensa
En 2025 la aviación de combate en las islas Canarias (46ª Ala) llevó a cabo cuatro maniobras militares a pocos kilómetros de la costa marroquí en los ejercicios conocidos como «Eagle Eye 25», el tercero de ellos (septiembre) enlazado con otro para la defensa de Ceuta («Sinergia 25»).
Estrategia de la disuasión. Las intentonas militares marroquíes en 1975 y 2002 para tantear al Gobierno español terminaron en un fracaso, principalmente por la amenaza de recurrir a la guerra en caso de disputas fronterizas. En ese primer año, el presidente Suárez desplegó dos agrupaciones aeronavales en Ceuta y Melilla, con una «contundencia» y «planificación» que asombró al embajador estadounidense; en el otro año, lanzó el presidente Aznar tropas helitransportadas en el asalto contra soldados marroquíes que habían ocupado Punta Alemán, islita deshabitada de soberanía española. Ambos presidentes supieron apreciar que no había motivo para ceder ante Marruecos, pues este país no estaba —ni está— preparado para una guerra en gran escala con España; que la entrega a Marruecos de Ceuta ponía en marcha el denominado «efecto dominó»; que Ceuta y Melilla son plazas de soberanía española en pie de igualdad con las metropolitanas siglos antes de que Marruecos fuese siquiera una simple «expresión geográfica»; y que la demostración de debilidad por parte de España alentaría al dictador marroquí a nuevos actos de agresión. La estrategia de la disuasión que defendía a Ceuta y Melilla ha saltado hecha pedazos con el gobierno de Pedro Sánchez.