6 de mayo de 2026

Aspectos sombríos de la ingeniería genética

Renitor
No es temerario sospechar que la ingeniería genética dista de ser una actividad ingenua o inocente. Al hablar de genes y de sus productos hay que tener presente que los hay muy peligrosos, como pueden ser toxinas o factores oncógenos. Imagínese, por ejemplificar, un colibacilo(huésped normal de nuestro intestino) dotado de resistencia a antibióticos y al mismo tiempo capaz de segregar toxina botulínica (tal vez el veneno más activo que se conoce).

La ingeniería genética implica en sus manipulaciones virus peligrosos y plasmidios difíciles de controlar. Caben errores, como ya ha sucedido, al manejar un microorganismo patógeno o un virus peligroso creyendo (o sin creer) que se trataba de otro inofensivo. Con todas las precauciones que se adoptan en los buenos laboratorios, siempre se siguen dando casos de contaminación, escape de gérmenes e infección de personas. El propio ADN recombinante podría ser un peligro en sí, a corto o largo plazo, si bien esto no ha sido demostrado.

Armas bacteriológicas. Hay otro aspecto digno de consideración. La elaboración y diseño de armas bacteriológicas es una realidad, aunque resulte triste y vergonzante para los gobiernos. La ingeniería genética, aplicada a este dominio, puede tener consecuencias terroríficas, en nada inferiores a las del abuso de la energía nuclear.

Control privado de recursos genéticos. El mismo proceso de privatización de recursos genéticos, el control privado de actividades de tal índole resulta para muchos inquietante. Si hoy por hoy el montaje de técnicas de ingeniería genética es costoso y sólo está al alcance de centros muy especializados (que, por cierto, consumen fondos públicos para generar patentes privadas), puede no estar lejano el día en que los «genes por encargo» sean asequibles a laboratorios modestos, para bien o para mal.

Estas consideraciones han generado, a partir de 1973, fuertes polémicas, todavía no resueltas, en torno a la utilidad, conveniencia y deontología de la ingeniería genética. Especial eco tuvo el encuentro en Asilomar (Estados Unidos), en febrero de 1975, de donde salió un borrador de directrices para limitar, controlar y orientar las actividades de manipulación genética y las condiciones que habrían de reunir los laboratorios según el presunto grado de peligrosidad de sus proyectos con DNA recombinante. Frente a estas y otras medidas regulatorias, voces extremistas se han levantado desde el campo científico y no científico, exigiendo la suspensión radical, o al menos una moratoria en los experimentos hasta que se alcance un acuerdo estricto sobre los límites de su empleo.

Conclusión. Mas no hay que engañarse: detrás de la ingeniería genética hay grandes intereses crematísticos, y si un país adopta medidas restrictivas, se queda atrasado con respecto a otros más permisivos y pierde sin remedio la opción de patentes valiosas. Por esta razón a niveles oficiales se ignora en gran medida por los gobiernos esta cuestión, y a la vez que se dictan normas regulatorias se procede de hecho con permisividad cada vez mayor.